Los correos fraudulentos continúan siendo una de las principales vías utilizadas para engañar a usuarios y organizaciones.
Comunicaciones que simulan ser de alguna entidad conocida en la que nos “solicitan” datos personales, “hacer algún pago” o “revisar deudas pendientes”.
¿Cómo protegernos?
- Revisá los datos del remitente: verificá quién envía el correo y cuál es su dirección electrónica.
- Observá la redacción y coherencia: errores o frases raras son una alerta.
- Prestá atención a la identidad visual: si hay tipografías, colores o un tono de comunicación que no coincide con el de la marca oficial, desconfiá.
- Interpretá la intención del mensaje: si busca generar urgencia, miedo o presión para que actúes rápidamente, no hagas clic.
- Chequeá los adjuntos: verificá si hay archivos inesperados, links sospechosos o pedidos de información sensible.
- Verificá la veracidad: asegurarte de que el correo provenga de un remitente y un dominio oficial.
Revisar estos elementos puede marcar la diferencia entre una comunicación legítima de una estafa.
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